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5/11/2006

Lo que quedó y lo que se fue

A veces el amor eclipsa, las razones se pierden y nos internamos en una vorágine de emociones. Hay veces en que incluso llegamos a fascinarnos con aquella imagen romántica. El tiempo puede pasar y aquel rostro queda impreso en nuestra memoria; a veces es una llaga y otras una nostalgia cálida.
Cuando se puede mirar a los ojos de aquella luz uno queda petrificado y un leve cosquilleo se siente en el pecho; a veces es la daga helada y otras la pasión ciega.
Llega el momento y las manos tiemblan, se siente el temor al rechazo, a que no sea recíproco y en muchos casos se opta por el silencio, guardar aquellas palabras que uno considera que serían desechadas, incluso antes de atreverse a contarle.
Si la felicidad es la senda que se presenta nos armamos de coraje y partimos hacia lo desconocido. A ese andar que nos reconforta y que hierve nuestra sangre.
Por otra parte, si los infortunios de la vida toman partido en el juego nuestra alma se verá partida y no veremos más que un tétrico callejón sin salida. Las lágrimas corren y sentimos que el mundo es una injusticia, que esto sólo te ha pasado a ti e incluso que la vida se ha ensañado contigo.
La ves andar, guardas silencio, escuchas los pasos y sientes cómo esa ráfaga helada te posee. La sonrisa se desvanece, caminas angustiado y llegas a cumplir con el ritual de la memoria: Fumas en la oscuridad, ves una fotografía de ella, escribes algo que surja de la sinceridad o escuchas la música que la representa.
Luego viene la etapa del olvido; la más ardua y complicada de todas. Ella no quiere salir de tu mente, es una astilla clavada que no quiere ser removida y crees que aunque lo intentes, será en vano: Esa es la verdad. La gente no se olvida de esos amores que se van, solamente se archivan para luego ser rescatados por la nostalgia.
Se te parte la vida, reflexionas acerca de tu fracaso y comienzas a cuestionarte: “¿Qué tengo?, ¿Qué no tengo?, ¿Por qué?”, y llegas a conclusiones bastante cercanas a lo que podría ser o a errados pensamientos que nunca pasaron por la mente de ella.
“¿Y si este sentimiento no vuelve?” - es una de las primeras preguntas que te haces y te desorientas mientras te revuelcas en pensamientos rebuscados.
Estás sólo, eso es lo único seguro, lo que se fue ahora es sólo una puerta cerrada (por el momento), ella ya te explicó que su amor no es para ti, al menos el de pareja. Miras por la ventana y ves que hay todo un mundo que conocer y que aunque la vida te haya jugado mal, este no es el final.

1 Comments:

  • AAAAAAAAAAAAAAAAA José Ignacio Díaz me cargó tu texto con todo el corazón, con todo el cuerpo y con toda la poca cabeza que me queda. Está bien escrito, escribes bien, pero encuentro que en un lugar demaciado común y que extrañamente me molesta leer de esto en un blog, en el diario, en donde sea, y más en tu blog. Como que no hay hilo en todo esto. Y pasa no sólo porque tal vez tienes razón, sino porque a mi no me pasa nada parecido. Resumiendo, digo que me carga NO porque sea un mal texto en sí, sino porque me enferma el tema y es antiblognacho. Es poco ético, no séeeee qué pasa...pero no te enojes.

    By Blogger Josefino, at 12:58 a. m.  

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