Sentí que soñaba
La vida catalogada y organizada
“La realidad es una pieza oscura; la percepción
una vela que nos deja ver algunos detalles”
Un hombre de barba y cabellos negros está sentado frente a un escritorio, a su alrededor hay libros ordenados en estantes que tapizan las grandes paredes de su estudio. Cortazar, Cervantes, Poe, Clarke, Wells y Goethe, eran los títulos que se paseaban a la vista.
El hombre se toca el mentón, tira suavemente de su barba, se desabotona el cuello de la camisa, toma un lápiz y escribe sobre una hoja.

Un reloj y la punta del lápiz es todo lo que produce ruido dentro del estudio.
Cada grueso libro que estaba en la biblioteca conformaba un recuerdo para el hombre, y éste los ordenaba en distintas secciones según vivencias: Amores, odios, fantasías, hechos, sueños, pesadillas, penas, descubrimientos y logros. Que además se encontraban en secciones más grandes como: Infancia, pubertad, juventud y adultez. Sólo faltaba la vejez para completar aquella magnánima colección.
El hombre terminó de escribir y comenzó a leer en voz alta:
La chispa que mueve nuestras vidas:
“Pienso, luego existo”
Descartes
Descartes
La realidad se constituye como un concepto ambiguo que subsiste gracias a nuestras percepciones, las que deforman la realidad pura y las acomodan al receptor.
Ahora bien, si hablamos en términos concretos, la realidad está –o al menos eso creemos-, pero ésta deja de existir por completo en su concepto original al entrar en la mente del ser humano, pues pasa a ser un supuesto que nunca podremos comprobar plenamente.
En ésta supuesta “realidad” coexistimos con miles de otros seres humanos, los cuales poseen otros conceptos de realidad que pueden ser parecidos o radicalmente distintos al de uno.
No podemos estar seguros de nada a excepción de que nuestra mente piensa y percibe esta realidad que desconocemos.
Ahora bien, si hablamos en términos concretos, la realidad está –o al menos eso creemos-, pero ésta deja de existir por completo en su concepto original al entrar en la mente del ser humano, pues pasa a ser un supuesto que nunca podremos comprobar plenamente.
En ésta supuesta “realidad” coexistimos con miles de otros seres humanos, los cuales poseen otros conceptos de realidad que pueden ser parecidos o radicalmente distintos al de uno.
No podemos estar seguros de nada a excepción de que nuestra mente piensa y percibe esta realidad que desconocemos.
Alberto Rodríguez
Luego Rodríguez sacó todos los gruesos libros de su biblioteca con una furia terrible, los dejó amontonados, sacó un encendedor de su bolsillo y encendió las páginas de “Mis primeros recuerdos”. El humo subía rápidamente mientras el fuego iba consumiendo todos los tomos. Rodríguez se sentó a ver el espectáculo.

Las llamas eran tan bellas, tan falsas, de tan poca realidad que se dignó a tocarlas durante unos segundos. La sensación fue tan agradable que Rodríguez metió su brazo por completo a la pira. Sin embargo, esto no fue suficiente para él, ya que el fuego le llamaba de una manera insistente, así que se recostó sobre el montón de libros ardiendo mientras las llamas le lamían la piel con deleite. Rodríguez comenzó a reía a carcajadas mientras se consumía junto a los falsos anales de su vida ya perdida.


0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home