Al principio el sabor frío de la cerveza del centro nos llevó a un estado donde se podía hablar de estética, literatura y luego a otros campos como el lenguaje pornográfico, la mentalidad sexual de ambos sexos, primeras masturbaciones y relaciones tormentosas.
Horas después, cuando la noche se hacía presente, el cálido sabor del vino nos rescató del frío y nos puso a ver sombras en la oscuridad que hablaban de sus vidas, de música oscura como ellas mismas, del poder hipnótico del fuego y del humo que penetraría nuestros pulmones.
Así, entre las percusiones destructivas y las guitarras estridentes, nos reflejamos en el espejo y pudimos vernos realmente. Ya no éramos sombras, éramos piel, carne, ojos, pelos, todo en una masa relativamente bien constituida.
El llamado fue claro: Había que escuchar y adentrarnos en la mente colectiva que se paseaba entre la densidad del humo y del vino evaporado. Había que aprovechar que habíamos rasgado el velo para sentir los sonidos a través del cuerpo, como recipientes, como válvulas que interpretaran cada nota, cada escala. No debíamos atormentarnos con Zoar u otros caminos sinuosos.
Entonces uno cayó, Morfeo pudo más con su corazón circular y constante, y lo agarró de los pies, se lo llevó a tierras donde la música deja de existir para forjar imágenes oníricas que parecieran tener sonido.
Los otros dos, ella y él, se entregaron el uno al otro entre los mantos del silencio. Ahí, dos ojos reflejaron una silueta y viceversa. Entonces se dieron cuenta: Sus ojos eran los espejos donde podían verse realmente.
7/07/2007
Del vino, las velas, la música pesada y otras hierbas


3 Comments:
En vez de bajar la mirada como una y solo una vez muy al principio lo hice,la dejo quita hasta el fondo.
Y reconozco, me miro y te veo.
Parece ser el mejor lugar del mundo, parece ser infinito, una verdad, o el fondo de todo.
Buenisima tardenochemadrugada, gracias por la compañía de ambos.
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angeles, at 8:05 p. m.
you funky!
atahuelpa
queria saludarte
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Pazzistika, at 10:32 p. m.
Qué distorción... A la una de la mañana caí en cuenta que no había dormido en 36 horas... Caí
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Anónimo, at 12:02 a. m.
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