La estancia de Cronos
Antes de ingresar se caminaba por un largo pasillo. Ni la luz ni la sombra residían ahí, sino el vacío.Flotaba en el ambiente la angustia surgida de eventos macabros, de dientes bañados en sangre y de la muerte.
Dentro de la cámara y justo en su centro había una espada corta, un mandoble y una larga cama de piedra teñida de rojo que tenía grilletes en cada una de sus esquinas. Ni bien ni mal, la moral no existía.
En aquel lugar se escuchaban los gritos de las víctimas y resonaban en las paredes como un lamento imperecedero, como el recuerdo de un pasado donde el terror reinaba en su estado más puro.
Cronos no entendía que con cada hijo que devoraba, con cada gota de sangre que bebía de ellos, con cada vida arrebatada se acercaba a la profecía que intentaba evitar. Donde residía su mal, nació su muerte, y así preparó el camino para su autodestrucción.


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