Breve silencio para un callejón

Las puertas de distintos colores permanecen cerradas y brillan con el suave color naranja que cae desde el cielo. A lo lejos, al final de aquella pequeña calle se puede ver a la virgen y el salmo 131 bajo ella en una pared: “…Tengo mi lengua en corazón bañada, yo quiero se como tú: Sin altanerías ni ambiciones...”.
Una mujer mayor barre el polvo de la calles y de entre las garras de esos pútridos callejones se escucha el jazz de los condenados en una pequeña radio que está en una ventana gris: “…Cuántas noches perdidas, bajo aquella luna fiel que no reconoce edades…”.
Un hombre fuma lentamente en la esquina mientras tararea la canción entre suspiros vacilantes. El sol se va escondiendo entre los fríos tejados y las luces que cruzan de lado a lado sobre la calle comienzan a colorearse para el carnaval: rojo, amarillo y verde.
La gente abre sus puertas y las dejan así mientras caminan con máscaras plateadas hasta una larga mesa que fue dispuesta para cantarle a aquella niña vidente cuya última imagen fue la de los pájaros de sangre: “…gracias por los favores concedidos…”.
La gente abre sus puertas y las dejan así mientras caminan con máscaras plateadas hasta una larga mesa que fue dispuesta para cantarle a aquella niña vidente cuya última imagen fue la de los pájaros de sangre: “…gracias por los favores concedidos…”.
Las voces tienen sabor a mar y las copas se quiebran contra el suelo luego del primer sorbo. La radio escupe más volumen y los folklores entran en gloria y majestad. Los pasos resuenan entre las esquinas más oscuras y los perros que yacen en ellas levantan sus cabezas para rendir honor a la última fiesta bajo los resguardos del azar.


2 Comments:
...yomepasélavarón,mevinealcordilleraenbuscadetuamor.
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BorysYaikinC, at 12:34 a. m.
¿viste lo que había una cuadra más allá??
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Josefino, at 4:43 p. m.
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