
Un artista promisorio dijeron algunos, otros simplemente lo calificaron como una bolsa de lugares comunes. "Se lo dedico a la literatura y la muerte", dijo mientras brindaba con un vino más caro que su camisa.
Los niños perdidos le aplaudieron y gritaban que era sublime, la copia feliz del edén. Mientras en la calle las masas se aglutinaban para verlo caer.
Terminó su copa y la lanzó al público. Silencio súbito. "Si quieren teatro vean cómo llora un poeta de segunda, déjense de joderme", cerró sus ojos y dio vuelta la mesa.
La gente no sabía qué hacer, no entendían cómo un best-seller, un hombre exitoso que podía tenerlo todo, se quemaba frente a las cámaras de los noticieros.
Había mentido, toda su obra era un hoyo negro, libros de auto-ayuda, sanguijuelas que babeaban por el lucro, por el capital.
Vació sus bolsillos y se sacó la camisa mientras gritaba "¡Quiero nacer de nuevo!" una y otra vez.
La policía llegó al lugar y se lo llevaron mientras rasgaban su camisa. Una cámara se acercó a los hechos y él escupió al lente mientras decía "Hola mami, estoy en la tele".


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